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  • 16.5.19
En las pasadas elecciones andaluzas, muchos de los ciudadanos que votaron a VOX y a los otros partidos de derechas lo hicieron como castigo al Partido Socialista estatal. Un castigo motivado en buena medida por la laxitud de su postura con el sinsentido catalán. Tras las Elecciones Generales, el presidente de la Junta de Andalucía es catalán —nacido en Barcelona, para más señas—, y su secretario general de Acción Exterior, Enric Millo, antiguo miembro de Convergencia i Unió a través de la Unión Democrática de Cataluña. Llamadme "pejiguera", pero yo a eso lo denomino "karma".



Y es que la guasa del asunto no acaba ahí. De hecho, el origen de cada cual es lo de menos. Lo malo es que el Gobierno español ha prometido a Bruselas que, en esta Legislatura, promoverá un nuevo modelo de financiación autonómica. Sin embargo, como sabe cualquier persona realista, hablar de financiación supone abordar el modelo territorial a fondo.

Como nacionalidad histórica, reconocida como tal en nuestro Estatuto de Autonomía, Andalucía tiene el derecho y el deber de aportar a la encrucijada territorial. Con el PSOE no estábamos en la mesa, pero es que ahora ni estamos ni se nos espera.

Los andaluces son un ejemplo de lealtad, excesiva en muchas ocasiones, y han demostrado tener un corazón tan grande como para que quepan en ella tanto Andalucía como, con ella, el resto de España. Todo lo contrario que los supremacistas catalanes, que desdeñan con pueril rebeldía la Patria Común, con los sentimientos y las verdades a medias como único argumento.

En el término medio entre ambas posturas, antagónicas, podremos encontrar un modelo federal simétrico que garantice que cada comunidad autónoma tenga sus necesidades cubiertas y su identidad respetada sin necesidad de desgastar al Estado. Una financiación basada en la población es lo justo.

Que la Junta de Andalucía no esté dispuesta a aportar en el nuevo modelo territorial que, en los próximos años, estaremos obligados a reformar por riesgo de derrumbe es una mala noticia tanto para España, como para la Nación Andaluza.

La lección que hemos podido extraer de esta situación es que la única solución seria, si queremos un futuro para Andalucía y España, es un andalucismo fuerte, moderado y decidido, que ofrezca una solución territorial completa. Andalucía por Sí (AxSí), como principal partido andalucista, queda obligada a llevar a cabo un serio debate ideológico. Si bien es cierto que apoya el federalismo como modelo, no hace excesivo hincapié en una propuesta sistemática que pueda servir como alternativa y que garantice la sostenibilidad económica de la Nación.

Resulta positivo que haga propuestas tan interesantes como la Iniciativa Legislativa Municipal contra la Pobreza Energética, que presentó recientemente en el Parlamento. Ha hecho bien evitando coaliciones y manteniéndose independiente de otras fuerzas tanto en las Elecciones Autonómicas como en las Generales. Es un partido joven que está dando sus primeros pasos. Hay que tener paciencia.

Sin embargo, como ya hemos insistido en otras ocasiones, debe superar el municipalismo en el que se han encerrado los partidos andalucistas en los últimos años, definirse mejor ideológicamente y dialogar con el sector empresarial. Sin una visión sistémica y sin el apoyo de los que tienen el altavoz en su mano, todo trabajo se echará a perder.

Dicho de otro modo, AxSí debe dar un salto cualitativo que permita a los andaluces identificarse con su mensaje y liderarlos a una nueva realidad. Si no aprendemos de nuestros errores, este golpe que nos ha dado el karma no habrá valido para nada.

RAFAEL SOTO

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