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  • 13.6.19
Existen varios proverbios orientales que indican que, cuando te subes a un tigre, es difícil bajarse de él. La razón es obvia, puesto que si logras bajarte, las opciones de ser mordido son altas. Y es en este lío en el que encontramos a Ciudadanos y a su líder, Albert Rivera.



Si somos justos, lo bueno de la extrema izquierda y la extrema derecha es su capacidad para ver la paja en el ojo ajeno. En una reciente entrevista, con su natural aplomo, el “clásico” Julio Anguita, exlíder de Izquierda Unida, afirmó que las tres derechas eran como la Santísima Trinidad. Cada cual tenía sus matices, pero al final los tres defendían lo mismo, por lo que resultaban uno y trino. En lo que se refiere a Pablo Iglesias, nos quedamos con la lindeza que le dedicó en sus primeros momentos en el Congreso de los Diputados: el señor Rivera es “de lo que haga falta”. Ya entonces, lo tenía bien calado.

Tanto, que hasta Santiago Abascal, líder de Vox, sigue la estela de Iglesias, denominando “veleta” a Rivera. Es más, la propia estrategia ofensiva del partido de extrema derecha se ha basado en las inseguridades de Ciudadanos. Estrategia que, ahora, demuestra estar justificada.

Cuando dos partidos opuestos se ponen de acuerdo en algo, es para hacérselo mirar. Y es que Rivera y sus compañeros de partido no han podido llevar a cabo una estrategia más errónea.

Ciudadanos era la esperanza de parte de la derecha moderada. Un partido limpio —por ahora—, que sirviera de partido bisagra y contrarrestara el populismo podemita y la ponzoña independentista. Un partido capaz de pactar tanto con PSOE como con PP, según las necesidades de España y los mercados. Y de hecho, encontró un fuerte impulso en su valiente cruzada antindependentista en Cataluña, donde la ciudadanía le recompensó con la victoria electoral. Un victoria insuficiente, debido a la Ley d’Hondt y a los iluminados que aceptaron tal aberración en la ley electoral.

Sin embargo, el endurecimiento de su discurso y su coqueteo con la extrema derecha a través de relatores, —perdón, quería decir, de intermediarios—, no solo no le han permitido desbancar al Partido Popular en las Elecciones Generales, sino que lo han puesto en serios apuros tras las Locales. Tiene que decidirse entre romper su promesa de no pactar con el Partido Socialista de Pedro Sánchez o firmar su giro a la derecha pura y dura.

En el primer caso, perdería el voto conservador y daría la razón a sus contrincantes políticos. Por otro lado, no es lo mismo pactar con un arribista como Pedro Sánchez, que renunciar a pactos locales y autonómicos con barones y personajes socialistas. Sin duda, sería arriesgado. Su única ventaja sería su posición antindependentista, que de poco le vale para los que miren a la diestra.

En el caso de priorizar los pactos a la andaluza, comenzaría una guerra a cara de perro con un partido debilitado, sí, pero con amplia tradición, como es el Partido Popular. Casado no está solo, tiene sólidos barones territoriales y asesores experimentados.

Por otro lado, esta opción le haría perder el voto moderado, pues no se puede pretender que arranque esta guerra sin un discurso populista y agresivo. Un discurso que, dicho sea de paso, no le pega a Rivera y que dará alas a Inés Arrimadas, cada vez más aclamada en el sector duro del partido.

Ciudadanos solo tiene un arma efectiva contra el PP y es peligrosa: su relativa limpieza. La moralización de la política tiene dos condiciones: la coherencia y la ejemplaridad. Ciudadanos no tiene todavía casos importantes de corrupción. Sin embargo, sí que ha tenido alguna complicación local. En especial, en algunos supuestos fraudes en primarias locales y regionales. Si juega esa carta, correrá el riesgo de la desacreditación, tal y como ha ocurrido en Podemos con las purgas, el chalé de Iglesias y otras meteduras de pata e incoherencias.

El tigre se muestra fiero y Ciudadanos ya no puede mantenerse en su lomo. Haga lo que haga, está fastidiado. En la derecha española no caben tres partidos. Eso es así. Y si conviven, vivirán una y otra vez lo ocurrido durante las Elecciones Generales: se estorbarán entre ellos. Bonito trío de violines para la decimotercera Legislatura. Se les hará larga a los naranjitos, muy larga...

RAFAEL SOTO


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