:::: MENU ::::
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
  • 25.4.20
La vista desde el balcón deja una panorámica de bloques de viviendas antiguos de ladrillos rojos y blancos junto a un parque con unas cintas amarillas, con cuadros negros, rodeando sus columpios. El silencio no es total, pues el piar de algunos pájaros no entiende de pandemias mundiales. Tampoco el ruido lejano de coches y alguna moto de trabajadores indispensables en estos momentos. A ellos se une algún búho. Las ocho de la mañana deja un ambiente de calma extraña.



Se respira en el ambiente que, en cualquier momento, un ruido romperá el silencio de incertidumbre, de monotonía impuesta. ¿Cómo serán los silencios en la desconocida y exótica Wuhan? No parece ya el barrio de obras molestas, niños corriendo, carros de la compra hacia arriba y hacia abajo. De señoras hablando a voz en grito y señores discutiendo sobre polémicas futboleras que perjudicaron a sus respectivos equipos. Sobrevive el camión del butano anunciando que lleva su mercancía naranja. Algún vecino asomado y pidiendo su encargo hace tener contacto con la realidad diaria, todavía viva, de la plaza.

Es extraño. La falta de ruido llama a la reflexión sobre el caos urbano y las prisas. Da igual el lugar de este globo imperfecto llamado mundo. Toda gran ciudad comparte esta pausa a la misma vez. Cada titular leído habla al mismo tiempo de esa calle donde vive y del otro extremo del Pacífico. También de cercanas calles y monumentos de la vieja Europa. No hay pasaporte ahora mismo. Todos iguales de jodidos. Eso no entiende de regímenes políticos ni banderas. Todos estos detalles habitan su cabeza mientras bebe café y mira por la ventana.

Las palomas se saben dueñas de ese microcosmos que son los aires acondicionados. Al igual que los míticos planos de Hitchcock, forman su ritual de toma de posiciones estratégicas en algunos balcones. Dan su organizado golpe de estado del aire ante los impotentes relamidos de cazador de algún que otro gato.

Mientras tanto, la radio habla de cifras de muerte, de vacunas que están por llegar, de mascarillas y guantes, de geles desinfectantes. De discusiones inútiles en las altas esferas políticas. Un horizonte nebuloso de incertidumbre llena esa isla inexplorada que es el futuro.

Queda saber cuál es nuestro nivel de aprendizaje en estos momentos, cuando sea un recuerdo el conjunto de estos días cero. Cero debido a la parada en nuestro ritmo de vida, al paréntesis. Uno, seguirá cada uno de esos habitantes llamados ciudadanos preocupándose exclusivamente de llegar exclusivamente a cada día treinta, o treinta y uno menos febrero loco, con las facturas pagadas. Solo viven ellos y sus problemas. Dos, quizás hayamos ganado en sentido de globalidad y preocupe más cuando estalle la próxima guerra en un país desconocido de África, o el desastre natural que asole alguna isla muy lejana y pobre.

Filósofos del optimismo por cojones afirman en su doctrina que saldremos siendo mejores. Que el coronavirus nos hará valorar más las citas con la familia y las amistades. No dice nada bueno sobre aquel que necesita una pandemia mundial para valorar estos dos pilares de una vida plena. No son de fiar los que necesitan el caos para darse cuenta de lo que realmente importa.

Se tachan días del calendario y se hacen planes cuando estos días terminen. Es difícil imaginar que reinen los abrazos efusivos y los besos. A lo mejor gana el miedo. Muchos se pensarán acudir a según qué sitios mirando la cantidad del aforo.

Otros, quizás, se dejen llevar por su vena emprendedora y con todo ese papel higiénico que les ha sobrado, junto con chocolate y la cerveza acumulada en su búnker particular, abran pequeños comercios que escapen del control de la desbordada burocracia. Esa incertidumbre es quizás la mejor noticia. El no saber lleva a preguntar, y el preguntar, a pensar respuestas. Quizás más de uno haya leído más de un libro. Ha hecho más un virus por la cultura que muchos ministros.

El cielo afuera está despejado, la naturaleza está abriéndose paso en impensables escenarios. Hermosos ciervos hacen turismo en mitad de carreteras sin automóviles, tranquilos e inocentes. Si fuera paranoico, afirmaría que esta situación es un gran corte de mangas del planeta al ser humano. Argumentos no le faltan. Afortunadamente, quedan videollamadas, con sus respetivas rondas etílicas, que permiten tener conciencia que no somos astronautas perdidos en el espacio al igual que en aquella gran canción de David Bowie.

Terminado el café. Ya se pueden apagar las luces del salón. Entra suficiente luz natural. Esa no deja de ir a cotizar día a día. Y al igual que a policías, doctores, currantes de supermercados, camioneros, repartidores de comida y a tantos que se esfuerzan en hacernos ganar un valioso tiempo, le debemos que valga la pena despertar un nuevo día.

CARLOS SERRANO MARTÍN
  • 7.4.20
Nada se habla estos días marcados tristemente por la pandemia mundial del Covid-19 del discreto lugar que ocupa el derecho a la salud en la Constitución Española de 1978, la cúspide de nuestro ordenamiento jurídico. El coronavirus ha conseguido que los más escépticos sean conscientes de la enorme importancia de mantener a toda costa un sistema sanitario público de calidad en un debilitado Estado del Bienestar como el nuestro.



La Constitución reconoce en su artículo 43 –dentro del Capítulo Tercero del Título I, “De los derechos y deberes fundamentales”– el derecho a la protección de la salud y refiere que “compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios”, precisando que “la ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto”.

Un lugar que a día de hoy se antoja insuficiente, pues el Derecho Constitucional agrupa en tres grandes bloques los derechos y deberes de nuestra ley de leyes según sus garantías: un nivel máximo reconocido a derechos como la vida, el honor, la libertad de expresión o la educación; un nivel intermedio en el que figuran derechos como el matrimonio, la propiedad o el trabajo y un nivel mínimo dentro del Capítulo Tercero –los “Principios rectores de la política social y económica”– en el que se incluye este derecho a la salud, la Seguridad Social o el medio ambiente.

Mi propuesta es que en una futura reforma de la Constitución se incluya en el catálogo de derechos con mayores garantías un derecho fundamental a la sanidad pública, universal y gratuita, de modo que se entienda como un derecho inherente a cualquier persona residente en nuestro país, independientemente de su capacidad económica y nacionalidad de origen.

Desde el punto de vista jurídico este cambio supondría una mayor protección del derecho, ya que los ciudadanos podrían recabar su tutela de una forma preferente y con mayor rapidez ante los juzgados y tribunales, llegando incluso a instancias máximas como el Tribunal Constitucional en busca de su amparo.

Además, los legisladores del futuro deberían respetar su contenido esencial, una prerrogativa que a día de hoy no protege al derecho a la salud, garantizado únicamente por lo que dispongan “la legislación positiva, la práctica judicial y la actuación de los poderes públicos”.

En la práctica, el reconocimiento de un derecho fundamental a la sanidad pública, universal y gratuita podría contribuir a que se destinaran más recursos económicos y humanos al sistema sanitario, con la consiguiente mejora de la atención primaria y la reducción de tiempos en las listas de espera, con unos profesionales que no tengan que marcharse a otros países porque los sueldos en España sean bajos, y se impediría que cualquier Comunidad Autónoma –son estas las que tienen la competencia de sanidad– potencien los centros privados en detrimento de los públicos, como ha ocurrido en algunas regiones durante los últimos años.

A diferencia de la Constitución, el Estatuto de Autonomía para Andalucía sí recoge en un lugar destacado el derecho a la “protección de la salud mediante un sistema sanitario público de carácter universal”, en concreto en su artículo 22, donde dispone un catálogo de derechos para pacientes y usuarios del Sistema Andaluz de Salud, aunque también se remite al legislador para establecer los “términos, condiciones y requisitos” del ejercicio de estos derechos.

Es cierto que días atrás se ha esbozado en diferentes medios de comunicación la idea de un gran pacto nacional por la sanidad. Yo propongo dar un paso más e incluir en una futura reforma constitucional la necesidad de blindar una sanidad pública, universal y gratuita como derecho fundamental que goce de las mayores prerrogativas de nuestro ordenamiento jurídico.

A nadie se le escapa la complejidad que supone llevar a cabo este cambio por la rigidez de nuestra Constitución. Incluir un nuevo derecho fundamental en la Sección 1ª del Capítulo Segundo del Título I, denominada “De los derechos fundamentales y de las libertades públicas”, requiere la aprobación del Congreso de los Diputados y el Senado por una mayoría de dos tercios de los diputados y senadores en ambas cámaras, la posterior disolución de las Cortes Generales y la ratificación del nuevo Parlamento por idénticas mayorías, además de un referéndum del cuerpo electoral.

Sin embargo, por su naturaleza de Gobierno de coalición y su escasa mayoría parlamentaria para afrontar cambios estructurales, tal vez cuando esta decimocuarta legislatura toque a su fin, Partido Socialista y Unidas Podemos deban poner sobre la mesa un proyecto de reforma constitucional de gran calado con aspiraciones reales de conseguir un amplio consenso entre las distintas fuerzas políticas del arco parlamentario.

Es decir, renunciar a máximos como la posición de la Monarquía o el lugar preferente de la Iglesia Católica para no posponer más en el tiempo otras grandes cuestiones como esta mayor protección de la sanidad, el blindaje de unas pensiones dignas, un mejor encaje constitucional para Cataluña y otras regiones históricas –reconociendo el papel de las 17 autonomías y la pertenencia del Estado a la Unión Europea–, aspectos como la limitación de mandatos o los aforamientos, impedir los bloqueos a la hora de formar gobiernos reformado el artículo 99 para la elección del presidente del Gobierno, reforzar otros derechos como la vivienda o las políticas sociales o revisar el papel del Senado como verdadera cámara de representación de los territorios y no como cámara de segunda lectura legislativa, o una más adecuada tributación del trabajo por cuenta propia, cuestiones siempre debatidas en las campañas electorales y sistemáticamente olvidadas.

Por lo acontecido en los últimos años, sabemos de la extraordinaria dificultad que supone un gran pacto de los diferentes partidos políticos, pero sus dirigentes nos deben este esfuerzo. Los ciudadanos somos quienes debemos exigirlo de una forma más contundente. El Estado del Bienestar en una sociedad como la nuestra, con una edad media cada vez más avanzada, hace imprescindible que la sanidad y las políticas sociales sean el mejor servicio que presten los poderes públicos para que de una vez el ciudadano sea el centro de la vida pública.

JESÚS ORDÓÑEZ TORRES
  • 26.5.19
Seré breve: se utiliza en España la palabra “fascismo” o “fascista” o su abreviatura “facha” para cualquier persona que hable de España, que no sea de izquierdas o que diga que vota a determinados partidos de centroderecha o de derecha. Bien, vale, como argumento electoral todo vale y si la gente se lo cree y genera votos, perfecto. Pero siendo justos con la historia y con la política real, no es así. Ni mucho menos.



La derecha española puede ser incluso conservadora, pero no fascista. Sí, VOX es de la línea del partido Conservador de Theresa May en Reino Unido o del partido Republicano en los EEUU, pero no es fascista ni de lejos. Podrá caer peor o mejor, pero no es fascista.

Hagamos historia: el fascismo fue un movimiento obrero de inicios del siglo XX que compartía por aquellas épocas la lucha contra el capitalismo o el liberalismo (la verdadera democracia occidental) con el comunismo y el socialismo (prácticamente unidos estos dos).

El fascismo era tan “anticapitalista” como lo era el comunismo, y la muestra la podemos ver en este fragmento de un discurso que el gran fascista español, José Antonio Primo de Rivera pronunció en el madrileño Teatro de la Comedia el 29 de octubre de 1933:

“(...) El Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: «Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal». 

Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separamos unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontramos con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. 

Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas. Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa (...)”

Si leemos bien el discurso, podría ser válido para el orador más extremista del Partido Comunista o Socialista de la época, o incluso de hoy en día. ¿En qué se diferenciaban, pues, y por qué eran enemigos irreconciliables ambos movimientos, si ambos eran obreros? Pues porque mientras el comunismo era “globalizador” o “internacionalista”, el fascismo era profundamente nacionalista y defensor de los valores de la patria por encima de todo.

Una vez hemos recordado el fundamento obrero-nacionalista del movimiento fascista, que se refleja en el nombre del peor de todos ellos –el partido nazi (nacional-socialista)–, hemos de afirmar que, en efecto, en España existe el fascismo y tiene más poder del que muchos demócratas hubiéramos deseado.

Pero no está en los denominados "partidos de derechas", sino en esos partidos de corte socialista y nacionalista (o incluso separatista) que copan muchas instituciones públicas, como son ERC en Cataluña o Bildu en Euskadi, además del casi desaparecido BNG gallego. Esos partidos sí son fascistas, puesto que son socialistas y nacionalistas. Y a fe que actúan como tales.

Ojo, no quiero entrar a valorar a ninguno de ellos, simplemente quería poner a cada uno en su lugar político y definir qué es lo que realmente son. Ahora bien, vivimos en un estado democrático y si alguien quiere votarlos, que lo haga. No seré yo quien se lo pretenda impedir. Faltaría más.

PEDRO J. PORTAL

  • 1.1.19
El 2 de diciembre de 2018 marcó un hito en la historia de Andalucía al abrir la puerta a la posibilidad de descabalgar al PSOE del Gobierno de la Junta por primera vez. La suma de las derechas de PP y Ciudadanos junto a los ultras de Vox tienen por delante el desafío de propiciar el relevo de los socialistas, con una responsabilidad que les trasciende.



El próximo ciclo electoral, los posicionamientos a nivel estatal de PP y Ciudadanos, la emergencia de Vox con el 10 por ciento de los votos en Andalucía. Sobradamente se ha hablado de la repercusión que lo ocurrido en las elecciones andaluzas pueda tener fuera de nuestras fronteras.

A menudo se obvia la clave andaluza: lo que está en juego aquí es si serán capaces PP y Ciudadanos, y Vox en la medida en que pueda condicionar a ambos, de poner en marcha un Gobierno con un discurso homogéneo, coherente y con medidas bien planificadas que se distancien del PSOE conservador que ha venido gobernando Andalucía, y que sepan trasladarlas a la opinión pública con solvencia.

La primera vez que en San Telmo tome posesión un presidente ajeno al PSOE tiene un plus de responsabilidad. En Galicia, Emilio Pérez Touriño logró desbancar a los populares y su Gobierno apuntalado por los nacionalistas del BNG fue tan fugaz como el del popular José Antonio Monago en Extremadura.

Las experiencias de otras latitudes vienen al caso para dilucidar que un posible Gobierno de las derechas en Andalucía puede ser un punto de inflexión o puede, también, ser garantía de que la cabra tendrá larga vida en el Sur.

¿La cabra? En la jerga popular andaluza se dice hace décadas que los socialistas, hasta poniendo una cabra de cabeza del cartel, serían capaces de sostenerse, dada la animadversión que tradicionalmente han tenido los andaluces y las andaluzas a las derechas.

La ejemplaridad del nuevo Ejecutivo será una de las claves. Medidas acordadas como la equiparación de honorarios de altos cargos políticos a los del Estado español, lo que supone algunos incrementos de hasta el 100 por cien en gastos de sueldos, no son muy edificantes, como el PSOE y Adelante Andalucía han empezado a denunciar.

Que fuerzas como PP y Ciudadanos –que niegan un salario mínimo de 900 euros para los trabajadores y las trabajadoras– acuerden, así sea con eufemismos, un incremento exponencial de los salarios que perciben los altos mandos políticos, no alientan el mejor ambiente para la puesta de largo del nuevo Gobierno.

La capacidad que Vox tenga de enmendar la plana a PP y Ciudadanos adquiere una relevancia máxima que sabrán explotar desde PSOE y Adelante Andalucía. Será llamativo, si ocurriese, ver a Moreno y Marín defender propuestas de Abascal desde Presidencia, escorados a la derecha más casposa e insensible que cuenta con el rechazo mayoritario del pueblo andaluz.

La gestión del tiempo nuevo abierto tras el 2 de diciembre será compleja pero apasionante para las fuerzas que se han propuesto pasar página, de momento, a la era socialista. La credibilidad de sus medidas y formas, y la eficacia de sus propuestas, dirán el resto.

JUAN C. ROMERO

DEPORTES - LA VICTORIA DIGITAL

FIRMAS
La Victoria Digital te escucha Escríbenos