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Mostrando entradas con la etiqueta Palabras al aire [Mercedes Obies]. Mostrar todas las entradas
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  • 23.9.20
Revolcón de emociones. De subidas y bajadas. De distancia que separa pero une más de lo que se puede imaginar. Mundo repleto de miedo, de apostar poco. De vivir rápido y sentir despacio. Tú y yo. Sin miedos. Arriesgando. Lanzándonos. Dejándonos ser el uno con el otro. Mientras, la vida con su manía de ponérnoslo más complicado de lo que ya es.



Seguimos. Sumamos llamadas y fotos de “te quiero aquí conmigo”. Me lanzo, lo tengo claro. Nos reímos. Hablamos. Sentimos. Extrañamos. Tu esencia. Tu plenitud. Tú.

Te echo de menos. Vuelves. Sumamos más canciones. Más mensajes. Más fotos. Más ganas. Más de todo. Ahí estamos. El uno para el otro. Recortando distancia a través de la pantalla. Arreglando los malos días. Mejorando los buenos.

Porque sin buscarte te encontré. Tienes esa magia de devolverme los nervios de sentir todo por primera vez. Tú allí y yo aquí. No sé cuándo nos veremos. No tengo prisas. Te espero.

MERCEDES OBIES
  • 16.9.20
Me encontré entre la mirada de las personas que andan con prisas. Con la cabeza en cada rincón del mundo. En el pasado, en su futuro. Pero ninguna en su propio presente. Y ahí ando yo, entre el despiste. Pasando desapercibida entre los problemas, la rutina y las despedidas que no aprendemos a afrontar.



Sigo aquí, porque es donde realmente conoces a la gente. Donde sientes por un instante la pureza que puede quedar en el ser humano. Andamos en el más allá, evitando sentir ese fuego cuando vuelves a tener ese cruce de miradas. Pero que evitas. Y lo evitas porque asusta. Porque te acostumbras a vivir en la rutina. En sentir mucho y expresar poco. Así todo es más fácil. O eso te dicen.

Pero yo he decidido frenar y quedarme aquí. Experimentando. Explotando. Sintiendo. Conociendo. Viviendo. Porque sí, porque el tiempo nunca me puso pausas y me hizo correr. Tanto, que descuidé la brisa de una madrugada. Una mirada llena de ganas. Una sonrisa que el nerviosismo delata.

Frené. Me bajé de ese mundo de prisas. Y ahora sé que todo lo que no tiene sentido es lo bonito. Que todo lo que te acelera, te calma. Que no esperar nada te trae todo. Desconecta de todo y encuéntrate entre todos.

MERCEDES OBIES

  • 2.9.20
Cuando dejas de esperar que las cosas pasen, es cuando realmente todo se pone en marcha y sucede. Entiendes que nada es para siempre y que todo eso que antes dolía ya ha dejado de escocer. Comprendes que te necesitas más que a nadie en el mundo. Que no existe amor más real, que el amor propio.



He necesitado tocar fondo de verdad, verme sin fuerzas y sacar luz de la infinita oscuridad. Lo he conseguido. He sentido alivio y esa paz conmigo misma que tanta falta me hacía. Me he encontrado entre tanto caos, entre tanto desastre. Ahora soy consciente de que no tengo ningún límite que sea capaz de frenarme. Porque pienso ir a por todas, pienso ir a por mí.

Sé que el miedo siempre me mantendrá alerta, pero no impedirá que me lance a por lo que quiero. Todos escondemos esa fuerza que no somos capaces de ver. Pero os aseguro que nada ni nadie podrá arrebatarnos nuestra felicidad.

Por eso mismo, me prometo no volver a olvidarme. No volveré a sentirme pequeña ahora que sé que soy infinita. Voy a lanzarme a por todas. Me apetece vivir y aprovechar cada etapa de mi vida. Amaré todo mi caos dentro de tanto desastre. Porque es mi esencia y no voy a descuidarla nunca más.

Por mí, ahora y siempre. Me quiero.

MERCEDES OBIES

  • 19.8.20
Hoy me dirijo a ti. Sí, a ti, que te has tomado unos minutos para leerme. Quiero decirte que sí, que yo a veces también me rompo: que lloro, que siento, que sufro. Que también tengo días en los que me muero de miedo. En los que siento que el mundo se me queda grande. Pero, ¿sabes qué? Aquí estamos tú y yo. Con todas las inseguridades y miedos que podamos tener. Y estoy segura de que en muchas coincidiremos y que no somos tan diferentes como podemos llegar a pensar.



Déjame decirte que hoy seguro que vuelves a estar increíble. Que el día te va a salir redondo y que si te lo propones de verdad, vas a conseguir lo que quieras. Hoy te despegarás de otro de tus miedos. Porque sí, porque sé que eres valiente y que sabrás enfrentarte a lo que se te ponga por delante.

Y cuando acabe el día, túmbate en tu lugar favorito. Y piensa la de cosas buenas que están por llegar y todas aquellas que ya has conseguido. Pero no temas escuchar el dolor que puedas sentir por personas o, simplemente, por recuerdos. Sentir es parte de nosotros.

MERCEDES OBIES
  • 5.8.20
Si lo necesitas, llora y saca todo lo malo. Que no te dé vergüenza mostrarte rota. Cuídate, mímate y dedícate ahora todo el tiempo del mundo, todo el que necesites. Deja de dar explicaciones, de cargar con problemas ajenos. Cuida de ti: de tu paz, de tu ser.



Te prometo que los problemas son temporales aunque ahora te parezcan eternos. Te prometo que pasará. No puedo decirte cuándo, pero pasará. Y llegará el día en el que duela menos. Llegará ese día en el que te levantes con más ganas de ti que de cualquiera. Y sé que llegará porque hoy estás más fuerte que ayer y sé que mañana será un poco mejor.

Y no te preocupes si vuelves a llorar. Tal vez necesites que te den ese abrazo que te reconstruye y te hace la vida un poco más fácil. No te preocupes si suena esa canción que te hace llorar por todos los recuerdos que te trae. Es de valientes enfrentarse a algo sabiendo que aún nos duele y quizás sea eso lo que necesites: escucharte una vez más y sacar todo lo que te atrapa por dentro.

Con cariño, tu yo de hace cinco minutos.

MERCEDES OBIES
  • 8.7.20
Me resulta inevitable no querer arriesgarme una vez más. Que sí, que lo sé. Que aún siento ese pellizco cuando pienso en lo que nos pasó. Que me rompiste en mil pedazos y aún sigo recuperándome. Que sigue habiendo noches en las que me quedo pensando y, sin darme cuanta, me paso las horas enteras recordando. Porque sí. Porque así es el ser humano.



Nos lanzamos al precipicio del amor. Incluso siendo conscientes de que nos vamos a estrellar, aceleramos. Y reconozco que eso fue lo que hice contigo. Tan fuerte, que acabé en mil pedazos. Porque no quise frenar lo que sentía por un mal pasado. Por eso no salió como esperaba.

Aferrándome a esa frase que tanto decimos, “todo saldrá bien”, y olvidando que del caos sale arte, aprendizaje, amor propio, valor, coraje... Que irónico decir que ahora, estando rota, que me quiero más que nunca. Porque he aprendido a recoger esos trocitos y cuidarlos. Con tiempo, sin prisas. Conociendo cada “aquí duele” cuando recuerdo. Y me paro. Pienso. Cuido y protejo.

Y me hago infinita. Porque una vez que aprendes a quererte con todas tus imperfecciones, con tus prontos, con tus “no más”, entonces entiendes la vida. Entiendes que perder es aprender; es ganar, es saber cuidar de ti en momentos delicados. Y valoras, valoras muchísimo más los detalles, las personas que están porque quieren y no por interés.

La brisa de una tarde de verano. La adrenalina de lo nuevo, lo deseado. El besar despacio o rápido. Cuando ponen tu canción favorita en la radio. Las primeras veces. Las ganas. Los encuentros, los abrazos. Y es que, cuando te encuentras, ni el cielo es capaz de limitarte. Porque vas más allá de lo imposible. Porque siendo tuya, tan libre, tan rota, tan tú... Eres infinita(mente) deseada.

Y cuando consigues eso, ningún cabrón podrá arrebatártelo. Se llevará un trocito de ti, porque cuando te rompen te conviertes en mil pedazos y siempre alguno se queda por el camino. Y eso que entregas es parte de tu esencia. Y tienes bien claro que jamás verá tanto como tú diste. Y eso, querida mía, sí que es jodido.

Así que, gracias. Porque ahora me estoy recuperando y me estoy moldeando con las experiencias que me han enseñado. Estoy rota, no lo niego: me duele y no lo oculto. Pero, ¿podrás decir tú lo mismo cuando veas que sin ti he encontrado mi paraíso?

MERCEDES OBIES


  • 24.6.20
Y pasa, así sin más. Tan rápido que no te da tiempo ni a reaccionar. En cuestión de segundos, en un abrir y cerrar de ojos. En menos tiempo de lo que crees, cambia, te cambian. Ahora todo comienza de cero una vez más. Así que, respira: quizás es la expresión que más has escuchado en tu vida. Pero confía en mí Esta vez todo será distinto. Coge ese aire que tanto necesitas y respira una vez más. ¿Ves? Ahora mejor, ¿verdad?



No te pases la vida corriendo de un lado para otro. Ve despacio, disfrutando de cada paso. No tengas prisa. Caminaré a tu lado, siempre contigo. Incluso cuando pienses que estoy lejos, será ahí cuando más cerca estaré de ti. Porque nos entendemos, nos queremos. Y no es que lo hagamos todo perfecto pero es por eso por lo que tanto me gustas. Me das vida. A tu manera, pero me la das.

No son los mejores momentos, no tenemos nada que celebrar. Me atrevería a decir que estás pensando: “joder, solo me vienen problemas uno detrás de otro” o “no puedo más”. Y quizás sea cierto. Estamos hasta el cuello de las malas noticias, de los fracasos, de darlo todo y de no recibir lo mismo. Jode, duele, pero siempre seguimos adelante.

Y no escribo esto para decirte lo mismo que te puede decir cualquier persona. Escribo porque lo único valioso que puedo darte ahora mismo es un poco de mi tiempo. Y qué mejor que dejar estos minutos en una simple nota, que podrás leer y releer las veces que quieras: las que necesites.

Podrás recordar lo que se te puede olvidar con tantas cosas. Recordar que tú puedes, que no estás solo. Me tienes ahí. Que a veces frenar es bueno. Que poco es más. Que llorar satisface más que una risa forzada. Que gritar libera más que callar. Que sentarse y dejar la mente en tu mundo te ayuda mucho más que ponerse a dar vueltas como un loco.

Desconectar está bien. Pero quererse a uno mismo está mil veces mejor. Así que quiérete como jamás te has querido. Y confía en ti. Todo irá mejor. Ya está yendo mejor...

MERCEDES OBIES
  • 10.6.20
Nos hemos acostumbrado a vivir con prisas, sin cuidar lo que tenemos, sin valorar el tiempo. Parece que se nos olvida que todo acaba, que la vida sigue y no perdona. Que todo pasa pero que nada vuelve. Y me da mucha pena, porque hasta que no nos han obligado –y me incluyo en todo esto– a quedarnos en casa, no nos hemos dado cuenta de la puta suerte que tenemos y lo poco que lo hemos valorado.



Cuando toca casa, queremos calle. Y cuando toca calle deseamos estar en casa viendo Netflix. Quejarse es gratis, qué gran verdad. Y si pagasen por ello, todos seríamos millonarios. Pero digo yo: podíamos parar de quejarnos y dejar de querer buscar un culpable a todo esto.

Párate y piensa. Párate y valora, joder.

Disfruta de la familia, de los tuyos. Vuelve a esos juegos de la infancia. Llévate horas hablando con ese vecino o vecina. Habla de la vida, valora lo que tienes. Escribe una carta, lee un libro, escucha esas canciones que te hacen sentir vivo. Ríete, llora, extraña, siente, echa de menos... Pero, por favor, no dejes que todo siga pasando y empieza a valorar las pequeñas cosas.

Que la distancia, en vez de separar, nos una; nos haga querer mejor; nos haga ser más humanos y menos egoístas. Que estás tú, estoy yo. Estamos todos.

MERCEDES OBIES
  • 27.5.20
Es difícil querer en la distancia. Querer verle, sentirle, besarle, abrazarle... y tener que conformarte con una videollamada para, así, sentirlo un poquito más cerca. Ahora lo entiendo. Ahora entiendo a todas esas personas que se enfrentan a esta realidad, que no quieren poner como límite esos kilómetros que los separan. Que dan igual las horas o los días que tardas para verle otra vez. Que cuando sientes, la distancia se mide en ganas, nunca mejor dicho.



Y esperas. Esperas a que vuelva a llegar el día para volver a lanzarte en sus brazos y perderte por completo en él. Esos abrazos que ahora valoras más que nunca desde que son tan escasos, pero necesarios. Y esperas porque sabes que merece la pena.

Esperas porque la sensación que te produce, incluso a miles de kilómetros, es brutal. Sientes cómo esas famosas mariposas las tienes durante todo el día. Que te pones nerviosa por esa llamada. Por ese mensaje preguntándote qué tal te ha ido el día.

El móvil arde porque no te das cuenta de las horas que llevas hablando, riendo, disfrutando de la historia tan bonita que tenéis. Pero la gente no lo entiende. Se limitan a decir que una relación a distancia es una putada. Pues sí, lo es. ¿A quién no le gustaría poder ver a esa persona cuando más lo necesitas?

¿Pero sabéis qué? Merece la pena. Las tardes de cine son a través de videollamadas, poniendo la peli a la vez y compartiendo de forma irónica las palomitas. Los paseos son increíbles porque viajas en cuestión de segundos a dos lugares diferentes. Aprendes a valorar, a cuidar y a experimentar más que nunca todo lo que puedes llegar a sentir por una persona a kilómetros de distancia.

Te das cuenta de lo necesarios que son los pequeños instantes. Esas risas inesperadas, esos momentos en los que estáis y te quedas embobada mirándolo, mirándoos. Y es ahí cuando te das cuenta que no hay nada que pueda con lo que sientes. Porque si quieres, esos “solo puedo verte un rato” se vuelven una puta necesidad que te sirve para recordarte que sí, que el amor existe y que la distancia no tiene el valor de romper algo tan real.

MERCEDES OBIES


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